lunes, mayo 04, 2009

La libertad inventada


Pero así como en la astronomía la nueva concepción afirma: "Es verdad que no percibimos el movimiento de la Tierra, pero si admitiéramos su inmovilidad, llegaríamos a una situación absurda, en tanto que, admitiendo su movimiento, llegamos a una ley";

lo mismo sucede con la historia, en que la nueva corriente dice: "Es verdad que no sentimos nuestra dependencia; pero admitiendo nuestra libertad llegamos al absurdo, mientras que si admitimos nuestra dependencia con respecto al mundo exterior, al tiempo y a las causas, llegamos a las leyes".

En el primer caso debíamos renunciar a la conciencia de una inmovilidad en el espacio y admitir un movimiento que no sentíamos;

en el caso presente es necesario renuciar a una libertad de la que somos conscientes, y admitir una dependencia que no sentimos.
Guerra y Paz
León Tolstói
Taller de Mario Muchnik
Barcelona 2003

sábado, abril 25, 2009

Por hacerlo sencillo


Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente variables.

Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón.

Cada uno de estos peldaños, formados como se ve por dos elementos, se situó un tanto más arriba y adelante que el anterior, principio que da sentido a la escalera, ya que cualquiera otra combinación producirá formas quizá más bellas o pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso.

Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas.

La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y regularmente.

Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo, envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón.

Puesta en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie, y en el primero descansará el pie.


(Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie).

Llegando en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse con el final de la escalera.

Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del que no se moverá hasta el momento del descenso.

Instrucciones para subir una escalera
"Historias de Cronopios y de Famas"
Julio Cortázar

sábado, abril 11, 2009

Cosas que pueden hacerse con 32 años

Antonio Machado llegó a Soria.
George Lucas comenzó la producción de Stars Wars.

Alejandro Magno era, por fin, dueño del mayor imperio conocido hasta entonces, desde el subcontinente Indio hasta Alejandría.
Tamariz estrenó su legendario "número de París", con el que ganó el Premio Mundial de Cartomagia de 1973.

Muhammad Ali venció a Foreman en Kinshasa en el combate de boxeo más recordado de todos los tiempos.
Disney comenzó el proyecto del primer largometraje de animación de la historia del cine, "Blancanieves y los Siete Enanitos".

Richard Corben abandonó su trabajo como asalariado para dedicarse en exclusiva al cómic.
Charles Manson salió de la carcel, y comenzó a reclutar el grupo con el que pasaría a la historia.

lunes, abril 06, 2009

Conciencia de clase


¡Qué placer, volver a clase casi veinte años después, y encontrarte, como en una casa sin madre, las cosas igual que cuando te fuiste! Porque a mí no me engañan; debajo del polvo de tantos años, debajo de todos esos cambios en el peso y distribución del pelo, de todos los triunfos y derrotas, viajes y mudanzas, amores y desamores, contratos y despidos, muertes y nacimientos que maquillan el primer golpe de vista, no dejé de ver ni por un momento a las mismas personas, intactas, que me dijeron adiós mientras yo decía adiós a Barcelona.

Así que ésta es la primicia:
Mi clase 23 - tiempo 0

Me parece que es la primera vez que gano al tiempo.
¡pero ha sido por goleada!

lunes, marzo 23, 2009

La lección del elefante


Seis varones del Indostán, muy dados a aprender, fueron a ver al elefante (aunque todos ellos eran ciegos), para satisfacer la curiosidad de su mente.

El primero se acercó al elefante, y al chocar con su ancho y robusto costado, enseguida comenzó a gritar: "¡El elefante es como un muro!"
El segundo al tocar un colmillo exclamó: "Vaya, ¿qué es esto tan suave, redondo y afilado? Para mí está claro que esta maravilla de elefante es como una espada"
El tercero se aproximó al animal, y al tomar entre sus manos la retorcida trompa dijo: "Ya veo, el elefante es como una serpiente"
El cuarto alargó su inquieta mano y palpó a la altura de la rodilla: "está bastante claro que a lo que más se parece esta asombrosa bestia es a un árbol"
El quinto al tocar la oreja dijo: "Hasta el más ciego puede descifrar que a lo que más se parece este animal es a un abanico"
El sexto, nada más empezar a tantear a la bestia por su oscilante cola, dijo: "Lo veo claro, el elefante es como una soga"

Y así, estos hombres del Indostán comenzaron a discutir largo y tendido, cada uno defendiendo su opinión, y cada uno tenía su parte de razón, aunque todos estaban equivocados.

lunes, marzo 02, 2009

Suspiradores

Alguien muy cercano me contaba una vez cómo a muchos intelectuales (o no tanto) se les llenaba la boca en los últimos años del franquismo con el socorrido "¡ah, si me dejaran...!"
Despues se murió Franco, y resultó que, cuando les dejaron, tampoco tenían gran cosa que hacer ni que decir.
Se habían convertido en suspiradores profesionales.
El suspiro no quita mucho tiempo; pero exige una actitud mental incompatible con el deseo de cambio.

jueves, enero 29, 2009

El limbo en casa


Halfway down the stairs
Is a stair where I sit.
There isn't any other stair
Quite like it.

I'm not at the bottom,
I'm not at the top;
So this is the stair
Where I always stop.

Halfway up the stairs
Isn't up and isn't down.
It isn't in the nursery,
It isn't in the town.

And all kinds of funny thoughts
Go running round my head:
"It isn't really anywhere!
It's somewhere else instead!"
A. A. Milne

jueves, enero 08, 2009

Por fin, los cuentos ante el público

http://www.editorialcepe.es/
Colección Cuento Contigo

Todos necesitamos que alguien nos mire. Sería posible dividirnos en cuatro categorías, según el tipo de mirada bajo la cual podemos vivir.
La primera categoría anhela la mirada de una cantidad infinita de ojos anónimos, o dicho de otro modo, la mirada del público. [...]

La segunda categoría la forman los que necesitan para vivir la mirada de muchos ojos conocidos. Estos son los incansables organizadores de cócteles y cenas. Son más felices que las personas de la primera categoría quienes, cuando pierden a su público, tienen la sensación de que en el salón de su vida se ha apagado la luz. A casi todos ellos les sucede esto alguna vez. En cambio, las personas de la segunda categoría siempre consiguen alguna de esas miradas. [...]

Luego está la tercera categoría, los que necesitan de la mirada de la persona amada. Su situación es igual de peligrosa que la de los de la primera categoría. Alguna vez se cerrarán los ojos de la persona amada y en el salón se hará la oscuridad. [...]

Y hay también una cuarta categoría, la más preciada, la de quienes viven bajo la mirada imaginaria de personas ausentes.
Son los soñadores.

La Insoportable Levedad del Ser
Milan Kundera