lunes, junio 13, 2011

El zoo sagrado

Como dice Michael Gibson (El Simbolismo, Taschen, Köln, 1999, 19-20 y 27), el sistema de símbolos de una cultura es indispensable para el bienestar de las personas y la cohesión y supervivencia de la sociedad.
Sólo este plano simbólico permite designar los valores que merecen su consideración, y solamente él permite a cada uno tener su propio sentimiento de identidad individual y sexual. La peculiaridad del símbolo consiste en significar lo que está ausente, en el "más allá" o "fuera de la tierra", lejos, en parajes remotos a los que no se puede llegar.
El símbolo hace sensible una idea, pero no la suplanta. Sin embargo, hay una relación entre forma e idea, y es probable que en la mayoría de las culturas la representación se convierta en indisociable del concepto, campo al que se accede ya únicamente a través del objeto físico y tangible.
En definitiva, el símbolo aporta una cualidad ignorada susceptible de volverse materia. Desde una perspectiva religiosa esa cualidad es desconocida (o inaprehensible) pues proviene de un orden sobrenatural que sólo mediante la mediación del objeto sagrado permite significar.
Lo sagrado, pues, viene a ser una categoría semántica que no debe confundirse con lo divino. Es, como gran parte del pensamiento religioso, una categoría de la cultura que se encuentra más allá del lenguaje, y que se alimenta de una reserva de valores implícitos que a los ojos de cada uno crean la jerarquía del mundo e indican al hombre cual es su posición en ella.

Popol Vuh
Relato Maya del Origen del Mundo y la Vida
Versión, traducción y notas de Miguel Rivera Dorado
Colección Paradigmas
Editorial Trotta
Madrid 2008

martes, junio 07, 2011

Skármeta Vs. Sinde

Habían alcanzado el portón y lo abrió con gesto rotundo. Pero hasta la barbilla de Mario se puso pétrea cuando fue empujado levemente hacia el camino.
-Poeta y compañero -dijo decidido-. Usted me metió en este lío, y usted me saca. Usted me regaló sus libros, me enseñó a usar la lengua para algo más que pegar estampillas. Usted tiene la culpa de que yo me haya enamorado.
-¡No, señor! Una cosa es que yo te haya regalado un par de mis libros, y otra bien distinta es que te haya autorizado a plagiarlos. Además, le regalaste el poema que yo escribí para Matilde.
 -¡La poesía no es de quien la escribe, sino de quien la usa!
El Cartero de Neruda (Ardiente Paciencia)
Antonio Skármeta
Plaza & Janés
Barcelona

jueves, mayo 26, 2011

La agresividad del fotógrafo táctil

Henry Cartier-Bresson adquirió su primera Leica en la edad de la reinvención, los 34 años. Defendía una nueva actitud del fotógrafo ante la realidad: si hasta entonces los fotógrafos profesionales se veían obligados a bajar la cabeza en una suerte de reverencia al mirar por el visor de sus Rolleiflex TLR, con la llegada de la Leica y su visor de telémetro por fin miraban a la realidad directamente a la cara.
Cada vez que veo a alguien hacer una foto con una compacta digital, me pregunto qué habría dicho el fotógrafo francés de esos nuevos visores de pantalla LCD, que obligan a la gente a levantar un muro con sus manos, rechazando la realidad.
Pero últimamente, con las pantallas táctiles, he descubierto que, después de mantener la realidad a distancia con las manos, para hacer la foto es necesario golpearla con el dedo.
Justo como si le estuviéramos metiendo el dedo en el ojo.

miércoles, mayo 25, 2011

Hablar o callar

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,

Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.
Martin Niemöller
Sermón de Semana Santa
1946, Kaiserslautern, Alemania

lunes, mayo 23, 2011

Sexo y violencia: la proporción inversa

Angelo Dundee movió la cabeza afirmativamente:
- Cuando el boxeador no se acuesta, se convierte en un hombre agresivo, voluntarioso, irritado, ansioso por pelear. Cuando se acuesta, se porta como un gatito. Quizá sea una cosa más psicológica que física.
Cuando uno mantiene al boxeador alejado de las mujeres, en el campamento, golpeando sacos, pegándose con otros boxeadores, día tras día, el boxeador sale al cuadrilátero dispuesto a hacérselo pagar todo a su contrincante.
¿Quién quiere luchar, después de hacer bien el amor? Todas las guerras han sido provocadas por líderes que jamás gozaron haciendo el amor. Por ejemplo, Hitler, Mussolini, Napoleón. Y lo mismo cabe decir de nuestros actuales políticos partidarios de la guerra.
El boxeador que ejerce normalmente la sexualidad, siguiendo el consejo de los médicos, es como un plácido gatito, sin empuje, sin resentimiento, sin coraje. Los médicos no saben lo que es el boxeo.
El Más Grande. Mi propia historia
Muhammad Ali (Cassius Clay) y Richard Durham
Editorial Noguer
Barcelona 1976

sábado, mayo 21, 2011

El triunfo de los políticos

Unos dijeron que los otros eran unos incompetentes, los otros, que los unos eran unos retrógrados.
 Unos llamaron a los otros sinvergüenzas. Los otros a los unos, ladrones.
Se acusaron entre ellos de corruptos, oportunistas, vendehúmos, chaqueteros, demagogos, traidores...
Está bien, habéis ganado: nos lo creemos todo.

domingo, mayo 08, 2011

Hechos


28 -A ver, ¿qué os parece? Un hombre tenía dos hijos.
Se dirigió al primero, y le dijo: Hijo, ve hoy a trabajar a la viña. 29 El hijo le respondió: No quiero; pero luego se arrepintió y fue.
30 Acercándose al segundo le dijo lo mismo. Éste respondió Ya voy, señor; pero no fue. 31 ¿Cuál de los dos hizo  la voluntad del padre?
Le dijeron:
-El primero.
Y Jesús les contestó:
-Os aseguro que los recaudadores y las prostitutas entrarán antes que vosotros en el reino de Dios.
Mateo 21, 28-31
Biblia del Peregrino
Traducción dirigida por
Luis Alonso Schökel
Ediciones Mensajero
Bilbao 2009

jueves, abril 28, 2011

Escepticismo escatológico

Esta desconfianza respecto a los mecanismos judiciales continúa en el siguiente dicho Q (Q 6, 37-38), "no juzguéis y no seréis juzgados". Más revelador aún de los recelos de Q respecto a los tribunales es Q 12, 58-59, que aconseja arreglarse con los acreedores antes de llegar al tribunal. Piper (Piper, Ronald A. 1995. "The Language of Violence  and the Aphoristic Sayings in Q: A Study of Q 6:27-36) aduce casos paralelos de personas de las clases sociales inferiores metidas en pleitos (Llewelyn, S. R. New Documents Illustrating Early Christianity. Vol. 6: Inscriptions and Papyri First Published  in 1980-81. North Ryde, N. S. W., Australia: Macquarie Univ.:90-922). Aún más oportunos son los indicios procedentes de Egipto reunidos por Roger Bagnall (Bagnall, S. Roger 1989. "Official and Private Violence in Roman Egipt", BASP 26:201-16)) y Deborah Hobson (1993 v.ss.).

Estos datos indican claramente que entre las clases más bajas, las demandas ante los tribunales eran el último y no un primer recurso, y normalmente presuponían estados preliminares de arbitraje, mediación, negociación y coacción (Hobson, Deborah W. 1993. The Impact of Law on Village in Roman Egypt", en Law, Politics and Society in the Ancient Mediterranean World, ed. Baruch Halpern-Deborah W. Hobson, Sheffield: Sheffield Academic Press: 199). Así, la situación evocada en Q 12, 58-59 no es un intento inicial de un prestador de cobrar una deuda, sino un estadio tardío dentro de un proceso largo.
Resulta notable el pesimismo de Q. Que la reclamación del acreedor sea o no justa parece que no hace al caso; el veredicto es de prever. Los campesinos y los agricultores arrendatarios sabían que cuando llegaban al tribunal habían entrado en un territorio extraño donde sus intereses no serían protegidos, especialmente si estaban implicados demandantes de la clase superior (Garsney, Peter. 1970. Social Status and Legal Privilege in the Roman Empire. Oxford: Clarendon).
Cualquier clase de solución informal, por injusta que fuera, era preferible al remedio judicial.
Q, El Evangelio Desconocido
John S. Kloppenborg
Ediciones Sígueme
Salamanca 2005