martes, octubre 19, 2010

Un círculo azul perfecto

A le gente que me conoce no le sorprenderá que me perdiera en mi primer día de clase. No recuerdo bien cómo me separé del grupo, creo que cuando indicaron hacia dónde debían ir los de parvulitos, en fin, simplemente no me sentí identificado. Así que me quedé solo por los pasillos. Un colegio es un lugar muy grande, cuando aún no has cumplido los cinco.
Alguna profesora estuvo pendiente de mí toda la mañana, pero no era fácil consolarme. Aquello era raro, estaba lleno de niños mayores, y no encontraba mi lugar. Sospecho que tuvieron dificultades para saber quién era yo, y qué había que hacer conmigo. Entonces pasó algo maravilloso: aquella maestra sacó un círculo azul ultramar de plástico, plano, rugoso, rígido. Tenía tal perfección geométrica que parecía escapado de un dibujo, en vez de un objeto real. Se me pasó de golpe todo el disgusto. Creo que la propia profesora se quedó sorprendida por la efectividad casi hipnótica de su recurso improvisado. No recuerdo nada más: el círculo eclipsó el resto de experiencias de mi primer día de clase.
Aunque sí recuerdo que al llegar a casa entusiasmado por mi fascinante nueva posesión, ya la había perdido.

5 comentarios :

Aitana Luis dijo...

Qué gustito no tener que volver a perderse en el colegio.
Lo pienso cada noche, al acostarme tarde, y cada mañana, sin tener que madrugar.

Le dejo un bostezo mientras me estiro.

victorzurdo dijo...

No se esfuerce, Aitana.
A medida que crecemos, aumenta la perspectiva: siempre estamos perdidos en un sitio demasiado grande para nuestro tamaño. ¿O no?
Bostece, bostece usted.

Vida Frida dijo...

¿y que era? ¿que era? ¿que era ese circulo azul?

Siempre me gustó el colegio, el bullicio, cantidad de iguales con los que hablar de igual a igual...desde el primer día.
Fue de mayor que empezó a no gustarme la gente.

victorzurdo dijo...

Vida Frida: el cículo azul era un círculo azul. Ni más, ni menos. De plástico. Luego descubrí que no era un objeto único, los usaban para dar clase; también los había gordos, pero se decía "grueso".
¿Cuándo volverá su blog? Se echa de menos...

Aitana Luis dijo...

Creo que el único sitio que no ha resultado demasiado grande para mi tamaño era la casita de juguete rosa que tenía mi amiga Carla en su jardín.
Mi tamaño hoy en día hace que tenga hasta que saltar delante de las puertas automáticas para que el sensor me detecte (mientras el guarda jurado grita desde dentro "¡es que tienes que saltar, que si no no te ve!")
Ahora al menos los sitios los elijo yo. En el cole, como que te depositaban, y luego te puntuaban. Progresa adecuadamente.