martes, junio 23, 2015

El precio del orden

Para asegurar la autosuficiencia, las ciudades fomentaban o incluso forzaban la fusión de las pequeñas explotaciones para crear grandes extensiones de terreno dedicadas a la obtención de un solo producto, con lo que se aseguraba su mayor competitividad.
Los campesinos y sus familias tendían a producir lo que consumían y, a la vez, procuraban obtener un excedente con que atender a los pagos en especie, pero sin detraer nada de lo necesario para la propia subsistencia.
Roma tendía a gobernar o, dicho más exactamente, a percibir tributos a través de las ciudades, para lo cual organizaba a las élites locales, como los herodianos, a modo de cauces para la percepción de impuestos, que además se encargaban de trasformar los productos agrícolas en moneda que transferían a Roma (M. Corbier, "city, Territory and Taxation" en J. Rich y A. Wallace-Hadrill (eds.)).
Las ciudades organizaban la tributación y, por ello, también monetizaban las economías locales (K. Hopkins, "Economic Growth in Towns in Classical Antiquity" en P. Abrams y E.A. Wigley (eds.); Id., "Taxes and Trade" JRS 70 (1980)).
Por una parte, las élites locales entregaban a Roma unas cantidades en metálico y, por otra, costeaban los servicios de la maquinaria administrativa, adquirían las manufacturas locales y compraban a su precio pequeños objetos de lujo traídos de fuera (Cf. J. Patterson, "Settelment, City and Elite in Samnium and Lycia" en J. Rich y A. Wallace-Hadrill (eds.)).
Pero lo más significativo es que los gobernantes y las élites locales tenían que sufragar los costes de las construcciones civiles. 
La urbanización del país, dirigida directa o indirectamente por la autoridad romana, influía también en la mercantilización de las sociedades agrarias: los campesinos pasaban de trabajar para asegurarse la subsistencia y disponer de un execedente a producir cantidades cada vez mayores de lo que necesitaban a fin de cambiarlas por monedas con que pagar los tributos, un proceso que hacía cada vez menos factible la autosuficiencia (Para una visión más positiva que la propuesta aquí, cf. D. Edwards, "First Century Urban/Rural Relations in Lower Galilee" en SBLSP 1988; Id., "The Socio-Economic and Cultural Ethos" en L. Levine, New York 1992; D. Adan-Bayewitz y I. Perlman, "The Local Trade of Sephoris in the Roman Period" IEJ 40(1990)).
La mercantilización empujaba a los campesinos que seguían cultivando sus parcelas de propiedad familiar a endeudarse, luego a colocarse como arrendatarios y a partir de ahí, unos seguían vinculados a la tierra como jornaleros estacionales, o se hacían artesanos, mendigos o bandidos (j. Kautsky, The Politics of Aristocratics Empires; Gerhard Lenski, Power and Privilege (Nueva York; McGraw Hill 1966). Este proceso ha sido analizado en Palestina bajo los Herodianos en la importante obra de D. Fiensy, The Social History of Palestine. J. D. Crossan, The Birth of Christianity, 157-159, 215-235, han sugerido las implicaciones de la mercantilización de Galilea para entender el movimineto de Jesús. Sin referencia a Kautsky y su terminología, Freyne, "Jesus and the Urban Culture of Galilee", 600-610, ha señalado el mismo fenómeno en Galilea.)
EL Jesús de Galilea
Aportaciones Desde la Arqueología
Jonathan L. Reed
Ediciones Sígueme
Salamanca 2006

viernes, mayo 29, 2015

Democracia soñada

Estamos Eva, Pedro y yo debajo de la cama, dibujando la revolución(?), por encargo del Gobierno entrante. Arrastrándonos por debajo de las camas, llegamos al metro de Sainz de Baranda, aunque sé que estoy en Barcelona, y al salir a cielo abierto nos sorprende el buen día que hace. Hay gente acampada en la boca de metro, con pancartas, y entre ellos está A. A., un antiguo compañero de clase. Nos saludamos y felicitamos mutuamente por formar parte de un momento histórico.
Buscan observadores internacionales para las elecciones generales en Cuba; exigen una permanencia de cuatro meses. Se justifica la iniciativa porque "en un lugar donde sale electo quien menos conviene a los poderes fácticos, saben mucho de democracia". Yo miro a mi hijo y me justifico: "es que tengo aquí cosas más importantes que hacer". Todo el mundo lo comprende, y no pasa nada: cada uno aporta en función de sus circunstancias. Siento mucha ilusión y un poco de vértigo por el futuro.
Me despierta un llanto, y la frase que pronuncio es tan automática como la respuesta que espero:
-¿Le hago un biberón?

miércoles, mayo 13, 2015

Fascinación congénita

El ejemplo lo toma de Nikolaas Tinbergen, quien hizo algunos experimentos con polluelos de gaviota argéntea. Apenas salen del cascarón comienzan a picotear la mancha roja que su madre tiene en el pico amarillo; entonces ella regurgita comida semidigerida para alimentar a los pequeños.
Obviamente el polluelo reacciona así debido a que ciertos circuitos nerviosos en las zonas visuales de su cerebro están especializadas en reconocer picos de gaviota. En el transcurso de sus experimentos, Timbergen presentó un pico artificial, con mancha roja, a los polluelos, quienes reaccionaron exactamente de la misma forma aun cuando detrás del pico, en lugar de la madre, estaba la mano del científico.
Pero Timbergen llevó las cosas al límite: tomó un largo palo amarillo con tres rayas rojas y se lo mostró a los polluelos. Estos reaccionaron con mucho mayor entusiasmo ante este curioso artefacto, que ni siquiera se parecía a un pico de gaviota: preferían la prótesis a un pico de verdad.
Y aquí es donde entra Ramachandran: "si las gaviotas argénteas tuvieran una galería de arte, colgarían en la pared un largo palo con tres rayas rojas, lo venerarían, pagarían millones de dólares por él, lo llamarían un Picasso, pero no entenderían por qué... por qué quedan hipnotizadas por esta cosa aun cuando no se parece a nada." (V.S. Ramachandran, A brief tour of human consciousness, p.47, Pi Press, Nueva York 2004)

Antropología del cerebro
Conciencia, cultura y libre albedrío
Versión amplíada
Roger Bartra
Pre-textos
Valencia 2014

martes, abril 14, 2015

Una nación para mañana

 
Esther Salaman, en su hermoso libro sobre "recuerdos involuntarios" (A Collection of Moments, 1970), habla de la necesidad de preservar, o recuperar "los sagrados y preciosos recuerdos de infancia", de lo empobrecida y desarragaida que resulta la vida sin ellos.
Habla del gozo profundo, del sentido de la realidad, que puede aportar la recuperación de estos recuerdos, y expone abundantes y maravillosas citas autobiográficas, sobre todo de Dostoievski y de Proust.
Todos somos "exiliados de nuestro pasado", escribe, y como tales necesitamos recuperarlo.
El Hombre que Confundió a su Mujer con un Sombrero
Oliver Sacks
Editorial Anagrama
Madrid 2002

martes, marzo 17, 2015

Una pistola fenómena

Tengo cuatro o cinco años y nunca salgo a la terraza, que es sombría, y cuando mi padre me lleva allí percibo en seguida el matiz cladestino de la situación. Anuncia que me va a enseñar a hacer una pistola con dos pinzas de la ropa mientras desarma una. Eso explica la clandestinidad: ¡las pinzas son de mamá, y las ha roto!
Hace falta, además una colilla, que es el proyectil. A mí me parece que esa pistola es un poco chusca, y tiene poco que ver con las de las películas, que son metálicas. Estoy bastante decepcionado, y seguramente mi padre lo percibe, porque la dispara para demostrar sus virtudes, vaya, justo cuando yo la iba a coger, con tan mala fortuna que me ha acertado en todo el ojo. Pica, escuece, y yo procuro matenerlo abierto porque si ignoro el dolor quizá desaparezca, pero es peor, no veo nada.
Mi padre está alarmado y me sopla en el ojo, creo que le preocupa que mamá venga y nos regañe. Siento la camaradería con mi padre que sólo la travesura común construye y estoy dispuesto a disimular el picor y no lloro, pero el ojo llora por su cuenta.
Además, si viene seguro que nos quita la pistola, y eso sí que sería una pena, porque al final papá tenía toda la razón: es una pistóla fenómena de verdad ¡capaz de dejarle a uno tuerto un buen rato si se descuida!

miércoles, febrero 25, 2015

Largas sombras de los poderosos

 Esta claridad. la historia, es despiadada; hay en ella esa condición extraña y divina: que, por muy luz que sea, y precisamente porque es luz, pone muchas veces sombras donde veíamos rayos luminosos; convierte al mismo hombre en dos fantasmas diferentes y uno ataca al otro y hace justicia, y las tinieblas del déspota luchan con el deslumbramiento del capitán.
De ahí se deriva una dimensión más certera en la valoración definitiva de los pueblos. Babilonia violada empequeñece a Alejandro; Roma encadenada empequeñece a César; Jerusalén asesinada empequeñece a Tito.
La tiranía va en pos del tirano. Para un hombre es una desdicha dejar tras de sí una oscuridad que tenga su forma.
Los Miserables
Victor Hugo
Traducción de María Teresa Gallego Urrutia
Alianza Editorial
Madrid 2013

jueves, enero 22, 2015

En defensa de la jornada reducida

 
Como advirtió Max Weber [The protestant Ethic and the Spirit of Capitalism, George Allen and Unwin 1976, pp. 56-61] (...) el "trabajador tradicional" no deseaba ganar cada vez más dinero, sino simplemente "vivir tal y como estaba acostumbrado a vivir, y ganar lo necesario para hacerlo". Para un "trabajador tradicional", la "oportunidad de ganar más era menos atractiva que la de trabajar menos".  (...) ¿Por qué deberían esforzarse y trabajar más duro si ya "tenían todo lo que necesitaban"?
(...) Podríamos decir que "el adversario más importante" con el que debe habérselas el capitalismo contemporáneo es el "consumidor tradicional": alguien que actúa como si los bienes que se ofrecen en el mercado sirvieran para lo que se publicita que sirven: satisfacer necesidades. (...) El "enemigo público número uno" del mercado de consumo es la gente para la cual la meta de la carrera hacia la felicidad es poder llegar a decir: "Tengo todo lo que necesito, basta de tanto escándalo, me quedo tranquilo".
La Sociedad Sitiada
Zygmunt Bauman
Fondo de Cultura Económica
Buenos Aires 2004

martes, diciembre 09, 2014

Inmortalidad e indiferencia

Ser inmortal es baladí; menos el hombre, todas las criaturas lo son, pues ignoran la muerte; lo divino, lo terrible, lo incomprensible, es saberse inmortal. He notado que, pese a las religiones, esa convicción es rarísima. Israelitas, cristianos y musulmanes profesan la inmortalidad, pero la veneración que tributan al primer siglo prueba que sólo creen en él, ya que destinan todos los demás, en número infinito, a premiarlo o castigarlo.
Más razonable me parece la rueda de ciertas religiones del Indostán; en esa rueda, que no tiene principio ni fin, cada vida es efecto de la anterior y engendra la siguiente, pero ninguna determina el conjunto...
(...) Sabía que en un plazo infinito le ocurren a todo hombre todas las cosas. Por sus pasadas o futuras virtudes , todo hombre es acreedor a toda bondad, pero también a toda traición, por sus infamias del pasado o del porvenir. Así como en los juegos de azar las cifras pares y las impares tienden al equilibrio, así también se anulan y se corrigen el ingenio y la estolidez (...)
Encarados así, todos nuestros actos son justos, pero también son indiferentes. No hay méritos morales o intelectuales. Homero compuso la Odisea; postulado un plazo infinito, con infinitas circunstancias y cambios, lo imposible es no componer, siquiera una vez, la Odisea.
Nadie es alguien, un solo hombre inmortal es todos los hombres.
El Inmortal
El Aleph
Jorge Luis Borges
Alianza Editorial / Emecé Editores
Madrid 1975