lunes, enero 25, 2010

Even some

I'm sick and tired of hearing things
From uptight, short-sighted, narrow-minded hypocrites
All I want is the truth
Just gimme some truth

I've had enough of reading things
By neurotic, psychotic, pig-headed politicians
All I want is the truth
Just gimme some truth

No short-haired, yellow-bellied, son of Tricky Dicky
Is gonna mother hubbard soft soap me
With just a pocketful of hope
Money for dope
Money for rope

I'm sick to death of seeing things
From tight-lipped, condescending, mama's little chauvinists
All I want is the truth
Just gimme some truth now

I've had enough of watching scenes
Of schizophrenic, ego-centric, paranoiac, prima-donnas
All I want is the truth now
Just gimme some truth
John Lennon
Just Gimme Some Truth Imagine
1971!

domingo, enero 10, 2010

Manual de invencibilidad

When I hold you in my arms
And I feel my finger on your trigger
I know no one can do me no harm
Because happiness is a warm gun
Happiness is a warm gun, yes it is
Happiness is a warm gun.
Lennon/McCartney
Happiness is a Warm Gun
beatles - White Album 1968

miércoles, enero 06, 2010

Ineludibles

¿Beatles o Rolling Stones?
¿Perros o gatos?
¿Coche o moto?
¿Nikon o Canon?

¿Metro o autobús?
¿Vinilo o MP3?
¿Letras o ciencias?
¿Mac o PC?

¿Oriente u occidente?
¿Gasolina o diésel?
¿Vivir o sobrevivir?
¿Falda o pantalón?
¿Nudista o textil?

¿Escalera o ascensor?
¿Analógico o digital?
¿Color o blanco y negro?
¿A mano o a máquina?

¿Ahora
o nunca?

lunes, diciembre 21, 2009

Resucitar o coger

Se cuenta que el Emir de los creyentes, Harún al-Rasid, pasaba una noche entre dos esclavas: una medení y la otra kufí. La primera le acariciaba los pies y la segunda las manos. La mediní conseguía que la mercancía se levantase. La kufí le dijo: "Veo que quieres apropiarte, tu sola, del capital. Dame mi parte." La mediní contestó: "Malik, que lo sabía de Hisam b Urwa, que lo había oído referir a su padre y éste había conocido al Profeta, refiere: "Quien resucita una tierra muerta, la hace suya para sí y sus descendientes"."
La kufí dio un empujón a la mediní, lo cogió todo con sus manos y dijo: "Al-Amás, que lo sabe de Jaitama, que lo sabe de Abd Allah b. Masud, y éste del Profeta refiere: "La caza pertenece a quien la coge, y no a quien la levanta"."
Noche 387
Las Mil y Una Noches V. II
Traducción y notas de Juan Vernet
Editorial Planeta. Barcelona, 1965

jueves, diciembre 10, 2009

La página que me salvó la vida

Carmelita Montiel, una virgen de veinte años, acababa de bañarse con agua de azahares y estaba regando las hojas de romero en la cama de Pilar Ternera, cuando sonó el disparo. El coronel Aureliano José estaba destinado a conocer con ella la felicidad que le negó Amaranta, a tener siete hijos y a morirse de viejo en sus brazos, pero la bala de fusil que le entró por la espalda y le despedazó el pecho, estaba dirigida por una mala interpretación de las barajas.
El capitán Aquiles Ricardo, que era en realidad quien estaba destinado a morir esa noche, murió en efecto cuatro horas antes que Aureliano José. Apenas sonó el disparo fue derribado por dos balazos simultáneos, cuyo origen no se estableció nunca, y un grito multitudinario estremeció la noche.
-¡Viva el partido liberal! ¡Viva el coronel Aureliano Buendía!
A las doce, cuando Aureliano José acabó de desangrarse y Carmelita Montiel encontró en blanco los naipes de su porvenir, más de cuatrocientos hombres habían desfilado frente al teatro y habían descargado sus revólveres contra el cadáver abandonado del capitán Aquiles Ricardo. Se necesitó una patrulla para poner en una carretilla el cuerpo apelmazado de plomo, que se desbarataba como un pan ensopado.
Cien Años de Soledad
Gabriel García Márquez
Edición Conmemorativa
Real Academia Española
Asociación de Academias de la Lengua Española
2007

lunes, noviembre 30, 2009

Fomento del dibujo en la telefonía fija


Antes, casi siempre había un cuadernito para apuntar junto a los teléfonos fijos. Los detectives sombreaban con un lápiz blando la hoja siguiente a la del dato crucial, porque sabían que los secretos se escriben con más intensidad que el resto de las notas.

Esos cuadernitos, sin embargo, acumulaban con el paso del tiempo, más que secretos latentes o visibles, misteriosos dibujos repetitivos, que según algunos revelaban la personalidad del aburrido usuario del teléfono. Cuadrículas, mandalas, muñequitos, el propio nombre, o bien otro más secreto, círculos o cubos salpicaban las páginas del cuadernito, y con frecuencia llegaban a arrinconar los teléfonos y direcciones para los que, en principio, habían sido concebidos.
Tantos ratos perdidos esperando con el teléfono en la mano... Si pudiera recuperar esos momentos para hacer con ellos lo que quisiera, cogería un cuadernito muy pequeño, y dibujaría sin pensar lo primero que se me ocurriera.
Y luego, sombrearía con lápiz blando la pagina siguente.

miércoles, noviembre 18, 2009

Lo prometido

El otro día me crucé en el espejo con un señor con bigote, y caí en la cuenta de que era el momento de rendir cuentas sobre aquella eterna promesa que escuchábamos de pequeños: lo entenderás cuando seas mayor.

Bueno, sigo sin entenderlo.
Y podéis dejar de disimular; ya sé que los demás tampoco.

lunes, noviembre 09, 2009

Historia de un dibujante

En una revista que circulaba por casa cuando yo era pequeño se daba un caso de extrema crueldad hacia un dibujante. A pesar de que las fotocopiadoras ya estaban inventadas, se le solicitaba la réplica exacta de un dibujo ya existente.
Estaba claro que aquel pobre señor se había esforzado al máximo; sin embargo, había cometido siete errores. Aunque la reproducción estaba realmente lograda, y sin duda servía para sus propósitos, parece ser que alguien arriba se lo había tomado a mal, y había decidido dar un buen escarmiento. Ambos dibujos fueron publicados, explicando lo sucedido, y se retaba al lector a encontrar esos errores, para escarnio del pobre dibujante. El episodio se repetía cada semana, y el dibujante, por orgullo o fatalidad, siempre cometía siete errores.
Lo cierto es que, a excepción de los siete inevitables errores, las reproducciones eran cada vez más y más conseguidas, hasta el punto de que, considerando que los dibujos eran definitivamente diferentes, era imposible decir en cual de ellos estaban los errores, y en cual los aciertos.